lunes, mayo 21, 2012

Los monólogos de la vagina

Como ya muchos sabemos, los monólogos de la vagina ha sido una obra muy exitosa desde que se estreno por allá de 1996 en Estados Unidos y que ha tenido bastante difusión en muchos otros países  con resultados muy buenos.
No les pienso hablar de su historia  y sus antecedentes pues eso mis queridos visitantes lo pueden encontrar en wikipedia picandole aquí.

Ver esa obra realmente es una experiencia muy grata y aunque por desgracia en México pocas veces salga del DF me gustaría recomendarles el libro, es un libro ligero, que bien se podría leer en unas cuantas horas o a lo largo de una semana, el libro tiene todos los monólogos presentados en la obra y siguen cumpliendo la misma función que es generar conciencia tanto en hombres como en mujeres, es un libro barato , creo que uno se gastaría mas en una ida al cine incluidas las palomitas que en lo que vale el libro.

Incluso creo que también anda a la venta el DVD (en ingles) que fácilmente uno podría conseguir en $100

Y para que se animen a conseguirlo aquí les pongo un fragmento de..

Mi vagina furiosa
Mi vagina está furiosa. Está muy enojada. Mi vagina está encabronada y necesita hablar. Necesita hablar de todas estas estupideces. Necesita hablar contigo. O sea, ¿De qué se trata? - hay todo un ejército de personas pensando en formas de cómo torturar a mi pobre, inocente y gentil vagina... Se la pasan los días enteros ingeniando productos dementes e ideas macabras para subyugar a mi querido agujero. Chingados anti-vaginistas.
¿Qué es toda esa mierda que constantemente nos quieren ensartar para limpiarnos - rellenarnos? ¿Qué, quieren hacer que desaparezca? Bien, pues mi vagina no va a desaparecer. Está muy enojada y aquí se queda. Cómo los tampones - ¿¡Qué carajos es eso!? Un cacho de algodón seco embutido ahí. ¿Por qué no encuentran una manera de lubricar el tampón? En el instante en que mi vagina los ve, entra en estado de shock. Dice, "Ni madres, güey", Se cierra. Uno necesita trabajar con la vagina, presentarle las cosas, preparar el camino. Eso es lo que uno hace al fajar. Tienes que convencer a mi vagina, seducirla, hacer que confíe en ti. Eso no se puede hacer con un pinche pedazo de algodón.
Dejen de embutirme cosas ahí. Dejen de embutir y de limpiar. Mi vagina no necesita que la limpien. Huele bien. No la traten de decorar. No les crean cuando les dicen que debe oler a pétalos de rosa cuando debe oler a ella. Eso es lo que están haciendo, tratando de limpiarla, hacer que huela a desodorante de baño o a jardín. ¿Y qué se traen con esas duchas vaginales - con aroma a flores, a moras, o a lluvia. Yo no quiero que ahí me huela a lluvia. Toda limpiecita, como si lavaras un pescado después de cocinarlo. Si yo pido un pescado, es porque quiero el sabor del pescado.
Y luego el ginecólogo. ¿Quién lo inventó? Debe de haber algo mejor que esas exploraciones. ¿Por qué nos ponen esas horrendas batas de papel que te raspan las chichis, y que crujen cuando te acuestas? Sólo te hacen sentir como un bola de papel que alguien tiró a la basura.
¿Y para qué los guantes de hule, y la linterna qué te meten hasta el fondo? ¿Quién creen que son? ¿Jaime Maussan buscando extraterrestres ahí adentro? ¿Para qué te enchufan esas malditas pinzas que parecen pato recién sacado del congelador y por qué el estribo parece un horrorozo invento de tortura china? O sea, ¿que onda? Mi vagina está furiosa por todas estas visitas al doctor; cuatro semanas antes ya se está defendiendo y no quiere salir de la casa. Entonces llegas al consultorio, ¿no lo odias? "Relaja tu vagina, relaja tu vagina?", ¿Para qué?, ¿Para que me puedan meter esas pinzotas heladas? Ni madres.
¿Por qué no buscan un delicioso terciopelo morado y me cubren con él? ¿Y por qué no me acuestan en un edredón de algodón relleno de plumas de ganso, y se ponen unos lindos y cordiales guantes de color rosa o azul, y descansan mis pies en un estribo forrado de pieles? Pongan a calentar las pinzas. Colaboren con mi vagina.
Pero no, hay más torturas - un piche trozo de algodón, espejos fríos y tangas de hilo dental. Eso es lo peor. Tangas de hilo dental. ¿A quién se le ocurrió? Se te mueven todo el tiempo y se te pega en la parte de atrás de tu vagina. El resultado: un trasero bien cochambroso.
Se supone que las vaginas deben sentirse holgadas y amplias, y no amarradas. Por eso las fajas son tan malas. Necesitamos movernos y abrirnos y hablar y hablar. Las vaginas necesitan comodidad. Inventen algo así. Algo para darles placer. No, por supuesto que eso no lo van a hacer. Odian ver que una mujer pueda sentir placer, en especial placer sexual. ¿Qué tal unas lindas pantaletas de algodón con un vibrador de bolsillo integrado? Las mujeres estarían felices todo el día, viniéndose en el supermercado, en la micro, vaginas en perpetuo clímax. Ver a todas esas vivas, independientes, húmedas y felices vaginas. No lo podrían soportar.
Si mi vagina pudiera hablar, hablaría de ella misma como yo, hablaría de otras vaginas, imitaría a otras vaginas.
Usaría joyería fina, sin ropa, estaría ahí, sólo decorada con diamantes.
Mi vagina ayudó a sacar a un bebe gigante. Ella pensaba que haría mucho más de eso. Pero no lo hace. Ahora, quiere conocer el mundo. A todo el mundo. Quiere leer y saber cosas y salir más. Quiere sexo. Adora el sexo. Quiere ir más profundo. Tiene hambre de profundidad. Quiere bondad. Quiere cambio. Quiere silencio y libertad y besos suaves y calor y un toque profundo. Quiere chocolate y confianza y belleza. Quiere gritar. Quiere dejar de estar enojada. Quiere venirse. Quiere querer. Quiere. Mi vagina, mi vagina. Pues... lo quiere todo.

Ojala lo puedan conseguir, les aseguro que no se van a arrepentir de tenerlo, Mientras yo me despido recodandoles que visiten mi blog picandole aquí





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